AMENAZAS

La selva tropical húmeda es un ecosistema sumamente complejo en el que muchísimas especies (plantas, insectos, mamíferos, reptiles) interactúan constantemente, cada una jugando un papel en la estabilidad del sistema. Sin embargo, la mayor parte de estas interacciones aún no han sido comprendidas plenamente.

Esta misma complejidad la hace sumamente vulnerable a la deforestación: al tirar los árboles desaparece la sombra y aumenta la temperatura del suelo, con lo que se pierden las condiciones apropiadas y las especies que sostienen el funcionamiento del ecosistema, y se rompe la estabilidad. Si la perturbación es pequeña (como cuando cae un árbol por causa del viento), la selva circundante puede suministrar todos los elementos para la restauración y en pocos años se restablece la selva en el área perturbada. Pero si el daño es mayor (como cuando se tira la selva para la ganadería), el efecto es mucho más grave. La restauración puede tomar cientos de años en condiciones favorables, o bien el daño puede ser irreversible.

No se sabe como reforestar la selva una vez que ha desaparecido, a diferencia de otros ecosistemas (como un bosque de pinos, por ejemplo). Más aún, es fácil en esas condiciones que el suelo se erosione, con lo cual se perderá cualquier oportunidad de usarlo.
La vocación del suelo de la selva no es agrícola. En el mejor de los casos, al derribar la selva para milpas y potreros se obtienen rendimientos en la producción. En Chiapas, el rendimiento de las tierras convertidas para la agricultura es del 25% de la media nacional.

En resumen, derribar la selva tropical para dedicarla a usos agrícolas es una mala solución en términos biológicos, ecológicos y de servicios ambientales (particularmente en cuanto a la producción y manejo del agua) y, por último, es mala desde el punto de vista económico para quienes esperan mejorar sus condiciones de vida derribándola. Esta es la experiencia de otros países (como Brasil) y de México.


 

 

No obstante, la selva se ha seguido deforestando. En los últimos treinta años se ha destruido el 75% de la Selva Lacandona, pasando de 1.8 millones de hectáreas a tan solo 450 mil. La superficie de vegetación original de la Reserva de Montes Azules era de 331 mil hectáreas. Hoy, a veinticinco años de su decreto, se ha perdido la cuarta parte y solo quedan 250 mil en buen estado, el resto ha desaparecido por el establecimiento de asentamientos humanos irregulares desde 1980. La presencia de estos asentamientos causa la eliminación de la flora y fauna original para establecer cultivos y potreros, utilizando fuego para quemar la vegetación cortada, el cual comúnmente se extiende, incendiando superficies muy grandes de selva. En promedio, por cada hectárea quemada para actividades agropecuarias se provoca un incendio que consume de 50 a 100 hectáreas de selva original.

La pobreza no puede justificar la destrucción del patrimonio natural. Ha quedado comprobado que esta deforestación genera más pobreza. Superación de la pobreza y conservación del patrimonio natural son los dos grandes retos de nuestro país en el presente siglo. No son principios antagónicos sino complementarios.

En este contexto, las Áreas Naturales Protegidas (ANP) son los espacios del territorio nacional que tienen la finalidad de asegurar los reservorios de recursos naturales agua, suelo, flora, fauna y servicios ambientales. Protegen el patrimonio natural nacional y son bienes de interés público; además, deben ser consideradas como espacios que coadyuvan al desarrollo sustentable de las comunidades que habitan legalmente en ellas y en sus zonas colindantes, en apego a las disposiciones legales y al ordenamiento territorial que contiene su programa de manejo.

Cocodrilo de pantano

ACIONES PARA SU CONSERVACIÓN

Desde 1989, organizaciones no gubernamentales como Conservación Internacional (CI) y Espacios Naturales y Desarrollo Sustentable A.C. (ENDESU), en coordinación con la comunidad lacandona y el gobierno federal, han venido impulsando un conjunto de acciones para lograr la conservación de los ecosistemas naturales y de las especies que por ley protege la Reserva de la Biosfera Montes Azules.

Para el desarrollo de las diferentes actividades de conservación, la presencia permanente de personal técnico en campo es de vital importancia; es necesario contar con personal altamente capacitado e infraestructura y equipo adecuados que permitan realizar las tareas eficazmente.

 

 

Ir a Fundación Azteca